
Las fiestas de San Fermín no son sólo un referente internacional, son ya un mito universal gracias a Ernest Hemingway y a los millones de personas que se han embriagado con su alegría y singularidad. La celebración en honor a San Fermín, primer obispo de Pamplona, tiene lugar desde antes del siglo XII y las ferias y corridas de toros desde, al menos, el siglo XIV. Hoy en día, disfrutar de los Sanfermines puede ser una ocasión única para conocer Navarra, ir de fiesta a la calma y situar a la capital del viejo Reyno en su tierra de diversidad.Diapositiva 12 .O {font-size:149%;}
6 de julio, la fiesta estalla
Entre el 6 y el 14 de julio, la fiesta toma la ciudad: calles, bares, restaurantes, la plaza de toros, las sociedades gastronómicas, los locales de las peñas... todos son espacios ganados para disfrutar de la música, la hermandad y la tradición. El encierro, las salidas de la Comparsa de Gigantes, kilikis y cabezudos, los espectáculos taurinos, los conciertos, exhibiciones de deporte rural o danzas y los fuegos artificiales son parte singular de una fiesta que gira en torno a San Fermín.
Inmortalizados para siempre por Hemingway en su obra "Fiesta", los Sanfermines constituyen la celebración más universal de Pamplona y de toda Navarra. Cada 6 de julio al mediodía se lanza desde el balcón consistorial el "chupinazo" y con él se disparan también el bullicio y la alegría que no se detendrán hasta el "Pobre de mí" del día 14. El "chupinazo" es un acto que tiene lugar en la plaza consistorial desde el año 1941: el cohete anunciador de las fiestas parte desde el balcón central del Ayuntamiento y, cuando estalla en el cielo pamplonés, la ciudad entera se transforma. Una explosión de vida funde a visitantes y pamploneses. El rojo y el blanco lo impregnan todo y la calle entera se deja llevar por la música y el espíritu de la fiesta. A lo largo de nueve días, todos tendrán ocasión de disfrutar los ritos y costumbres que hacen especiales a los Sanfermines.
Encierros, corridas de toros y encierrillo
Cada mañana los mozos ponen a prueba sus nervios y su condición física perseguidos por las astas de una manada de seis toros bravos. Una tremenda descarga de adrenalina, una carrera vertiginosa de 846 metros que parte de la cuesta de Santo Domingo, cruza la Plaza Consistorial, dobla en Mercaderes y enfila a toda marcha la Estafeta para morir, como los toros, en la Plaza. Son apenas tres minutos, tiempo suficiente para sentir las emociones o poner los bellos de punta al espectador que sigue el encierro desde las tablas.
Por la tarde, tienen lugar las corridas de toros, espectáculo en el que los toreros tendrán ocasión de lidiar esas reses ante un público bullicioso. Mientras matadores, subalternos y picadores se enfrentan al toro en la arena, el tendido de sol se mueve al ritmo que marcan las bandas de música o charangas de las Peñas. Las peñas son grupos de amigos unidos por su amor a las fiestas de San Fermín. Dieciséis peñas llenan los tendidos de sol de la Plaza de Toros cada tarde y luego las calles de la ciudad. Con cantos nuevos y con las melodías de toda la vida, su labor -a la vez que su suerte- consiste en repartir música y buen humor por el Casco Antiguo y por toda Pamplona.
Un acto íntimo, casi secreto, es el “encierrillo”, que tiene lugar todas las noches hacia las once, cuando se trasladan los toros a los corralillos de Santo Domingo. Los toros hacen el recorrido en silencio, acompañados sólo por los pastores, desde los corrales del Gas en los que están todas las ganaderías de la Feria, hasta los corralillos en los que dormirán su última noche, antes de que se inicie el multitudinario encierro que les llevará a la Plaza de Toros.
La procesión: el santo, su comitiva y la Comparsa
Entre tanto bullicio, la fiesta también ofrece tiempos para la emoción y el recogimiento. La procesión es un acto que tiene lugar el 7 de julio, festividad de San Fermín. La imagen de San Fermín recorre las calles de la Parte Vieja acompañada por la Corporación Municipal, las autoridades religiosas, la Policía Municipal, la Banda de Música "La Pamplonesa" y la Comparsa de gigantes, kilikis y cabezudos. Los más devotos vibran con "el momentico", en el que los gigantes bailan mientras se escucha de fondo el repique de campanas de la catedral, o con las jotas, canciones típicamente navarras, que se dedican al santo desde los balcones o las calles del recorrido.
Otro acto emocionante, esta vez para los niños, se produce cada mañana con las salida de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos. Los primeros son cuatro parejas de reyes de Europa, Asia, América y Africa, que, a pesar de sus más de cuatro metros de altura y de sus 60 kilos de peso, danzan ligeros al son que les toca la gaita, el tambor, el txistu y el tamboril. Su singular corte la forman “kilikis”, “zaldikos” y cabezudos. Los seis "kilikis" y seis "zaldikos" son figuras de cartón piedra que persiguen sin descanso a los chavales para golpearlos con sus vergas. Los cinco cabezudos son también figuras de cartón, los personajes más serios de la comitiva, con un caminar digno y trato afable con los niños.
Fiesta y gastronomía
Si atendemos al programa sanferminero, las convocatorias para la juerga, la cultura o el deporte de la tierra se suceden día y noche sin descanso y cada uno deberá elegir aquella que más le atraiga hasta que el cuerpo aguante. Cuando necesite recobrar energías, los hosteleros de la ciudad se ponen a su servicio y multiplican sus esfuerzos para ofrecerle los platos más sabrosos de la cocina navarra a cualquier hora del día.
El menú puede comenzar con el popular consomé denominado "caldico" o un chocolate con churros de la calle Mañueta para entonar el cuerpo antes del encierro; unas magras con tomate para almorzar; espárragos y pimientos del piquillo cocinados de mil maneras, menestra de verduras, estofado de toro y cuajada a la hora de comer; un buen bocadillo de lomo con pimientos para merendar en la plaza; y, para aguantar toda la noche, cenar como es debido, por qué no un calderete -conejo con patatas en salsa- con los amigos. Siempre todo regado con el mejor vino navarro.
Tras nueve días repletos de actividad, llega el momento de despedir la fiesta donde comenzó, en la Plaza Consistorial. A la medianoche del 14 de julio, el alcalde o la alcaldesa se dirige a sus vecinos desde el balcón del Ayuntamiento para dar por finalizados los Sanfermines. Frente a la autoridad municipal, miles de pamploneses y visitantes levantan sus velas encendidas y entonan el "Pobre de mí", triste canción que todos los pamploneses conocen (“pobre de mí, pobre de mí, que se han acabado las fiestas de San Fermín”) y que, a ratos combinan con la famosa escalera (“uno de enero, dos de febrero... 7 de julio San Fermín”) que anuncia la llegada de las fiestas del año próximo y el eterno ¡ya falta menos!
(Información facilitada por el Departamento de Turismo del Gobierno de Navarra)
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